Mar. Mar 9th, 2021

El equipo de mi tierra no nació en mi tierra: 6 años viviendo con incertidumbre en primera división.

Publicado: 5 de noviembre de 2020, 5:55 a.m. hora de Bogotá, Colombia.

Autor: José Buitrago Plaza.

Corría el minuto 69 y el silencio se apoderaba de todos en el estadio. El lateral Leonardo Saldaña acomodaba la pelota, y a pesar de la barrera que tenía en frente, él solo veía el balón haciendo la parábola perfecta que saldría de su zurda que tantas alegrías dio otras veces al equipo. Disparo, gol y emoción bajo la lluvia, un 3-0 que documentaba una hazaña ese 14 de diciembre de 2014.

No era una alegría más. El pitido final generó emoción en las gradas, caravanas en la ciudad y festejos a pesar de la torrencial lluvia que había caído ese día sobre Montería. Jaguares de Córdoba, un equipo con solo 2 años de historia, lograba lo impensado ante Quindío (un histórico de nuestro fútbol colombiano que deambula en la B) ascender a la Primera División del Fútbol Profesional de Colombia, remontando un 2-0 en casa y con 10 jugadores desde el minuto 49. Una historia real que superó la ficción.

Teníamos equipo en primera. Uno de los 2 cupos del ascenso era nuestro. Representaríamos el fútbol de la Costa Caribe junto a un grande del país como Junior de Barranquilla. Haríamos notar más una región del país que ha dado grandes jugadores como: Carlos ‘El Pibe’ Valderrama y Radamel Falcao García. Montería estaría en el mapa no solo por nuestra ganadería y su feria, el Río Sinú, el San Jorge, el béisbol y boxeo, nuestro conocido clima cálido o por ser la tierra donde nacieron y operaron muchos grupos al margen de la ley que tanta sangre ha derramado en una guerra absurda y sin fin en esta zona del país. Era estar en el selecto grupo de 20 y alentar al equipo y aunque no pudiéramos pedirles salir campeones más de una alegría nos daría… Sin embargo, despertemos del sueño.

Foto: Aroldo Mestre.

Hijo adoptivo

Jaguares es un club joven fundado el 24 de diciembre de 2012 en Montería, tomando la ficha de un equipo llamado Sucre F.C. de un departamento colindante de Córdoba. Nelson Soto Duque, presidente y actual dueño del equipo, fue fundado hace 30 años con el nombre de Academia Bogotá, tras 5 años pasó a llamarse Girardot F.C. (1995-2008) equipo que representaba Cundinamarca, cuya capital es Bogotá. Tras 13 años se cambió de nombre a Deportes Palmira y se mudó al Valle, luego a Buenaventura bajo el nombre de Pacifico F.C. y por último, el 13 de diciembre de 2011 se formó Sucre F.C., que solo duraría un año hasta la marcha del club a Montería – Córdoba en 2013.

De un modo simple, la tierra cordobesa adoptó un hijo mayor de edad, que recorrió muchos lugares y tuvo su mayor logro aquí, por lo que decidió quedarse donde el sueño se le hizo realidad y mantener las sensaciones positivas para avanzar cada día, pero tanto las tristezas como las alegrías son efímeras y el recorrido ha marcado más incertidumbre que certezas durante 5 años.

Del no sentido de pertenencia

Una lógica hace pensar que al no nacer aquí no habría por qué apoyarlo en las buenas y malas. Ese amor natural de lo que fue semilla y nació aquí, es eso, amor natural. Sin embargo, muchos de los equipos del fútbol profesional colombiano tienen historias parecidas y cuentan con más afición que Jaguares y no va con los resultados. Va con querer y valorar lo que tienes, y aquí no se dimensionó nunca el tener un equipo en primera.

Por citar un ejemplo, Real Cartagena, equipos de Segunda División y de la Región Caribe, llevan más público a sus partidos (4.000 a 6.000 aficionados) que Jaguares jugando contra equipos de su mismo nivel en Primera. El estadio solo se llena para ver a un equipo grande del país, y no para apoyar precisamente a los nuestros. En los días de partido ante los históricos abundan las camisetas visitantes y en más de una ocasión ‘todos salen ganando’, debido a que el aficionado va por la visita pero si gana el local su corazón se alegra, es un amor compartido y sentimiento de orgullo muy grande solo en las buenas, en las malas ‘merece descender’.

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Nada es incondicional

Robín Sharma, reconocido escritor canadiense, manifestó alguna vez que: “Sentido de pertenencia significa amar el sitio donde nos desempeñamos o vivimos”. La historia de Jaguares y su afición resulta cómica en muchos sentidos, y de amor, poco. Una frase común aquí es: ‘estos no sirven para nada’, y son referenciados como ‘estos’ por no saber siquiera los nombres de quienes salen al campo del Estadio Jaraguay, (nombre de un Cacique que según la historia era macabro y de carácter irascible) bajo 38 o 40 grados de temperatura, a defender una camiseta que lleva en su escudo un jaguar, animal que los indígenas Zenú, que viven aún en esta región del país, tienen como símbolo religioso en su cultura.

¿Pero de dónde nace esta situación tan compleja? ¿Por qué el equipo no crea un lazo irrompible de ‘en las buenas y malas’? Como seres humanos por naturaleza necesitamos cosas por las cuales sentirnos felices y orgullosos, el fútbol pasa a ser una de ellas. Es un fenómeno socio-cultural que crea identidades y arraigo, salir victorioso de un partido o no le crea la línea de lo que va a ser su día e incluso la semana a muchas personas, sin embargo aquí esa sensación no se nota, el equipo está pero no está, gane o pierda.

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Nos acercamos al amor, pero solo fue un te quiero

Desde su ascenso en 2015 Jaguares padeció cada partido disputado. Nuestro campeonato se juega semestral a 19 fechas en la fase regular, donde los 8 mejores pasan a 2 grupos de 4 y los dos mejores de cada uno disputan la final, o rondas de ida y vuelta entre los 8 mejores como en 2017.

La llegada del técnico Hubert Bodhert a Jaguares en 2016 refrescó al equipo y logró meterlo 2 veces en los 8 mejores para 2017, algo que nunca había hecho en toda su historia. El equipo empezó a  generar en la ciudad un ambiente distinto, la gente empezaba a desarrollar amor con el club, las camisetas celestes salían más a la calle, e incluso llegó a dejar de lado la atención al beisbol, en plena temporada colombiana a fines de ese año.

Pero el amor fue fugaz. Ambas ocasiones el club contó con un emparejamiento difícil que lo despertó del sueño rápidamente. La primera ante Atlético Nacional (I semestre 2017), el equipo más ganador del país y la segunda contra Independiente Santa Fe (II semestre de 2017), un grande capitalino. En ambas perdió y el sueño quedó en eso, un sueño.

El equipo ese año terminó salvando la categoría en la última fecha y de paso obtuvo un puesto a la Copa Sudamericana 2018, segundo torneo con más importancia en Sudamérica, algo incluso más impensado que el mismo ascenso en si. Al año siguiente Bodhert abandonó el equipo y se fue a dirigir al Once Caldas, único equipo junto a Atlético Nacional en ganar una Copa Libertadores para nuestro país, hecho que logró en 2004 ante el poderoso e histórico Boca Juniors. Con la partida del entrenador cartagenero el equipo perdió el rumbo. Cayó en primera de la Sudamericana y luego de eso el equipo volvió a una especie de anonimato que requiere nombre de acuerdo a la ocasión. Los focos se fueron al beisbol nuevamente desde ese día hasta día de hoy.

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¿Culpamos al béisbol y al boxeo?

Podríamos decir que históricamente Córdoba es una tierra donde el béisbol y el boxeo han mandado. El equipo de béisbol cuenta con una afición grande que espera la temporada que inicia normalmente a finales de cada año para llenar el estadio que lleva por nombre 18 de junio. El equipo, hoy llamado Vaqueros de Montería, actual campeón de la Liga Colombiana de Béisbol Profesional, ha llenado de triunfos e incluso trofeos nacionales e internacionales al departamento, algo que no pasa desde 2014 con Jaguares, año que ascendió el equipo.

Cada año el béisbol le marca un home run a Jaguares tanto en afluencia de público como en pasión. Son varios meses que el fútbol es eclipsado, incluso en temporadas en que el equipo jugaba tan bien que ingresaba en la fase final del torneo colombiano.

Por su parte el boxeo le ha dado campeones mundiales al país. Por mencionar uno, el más reconocido, Miguel ‘Happy’ Lora, campeón mundial del peso gallo del Consejo Mundial de Boxeo entre 1985 y 1988 y que cuenta con una coliseo y estatua en su honor con una placa en la que se lee el nombre del campeón mundial y la fecha en que ganó el título orbital (9 de agosto de 1985 en Miami, USA).

Cuando el boxeo se prepara para una velada en la ciudad o a nivel nacional, le pega un golpe certero al equipo que sería un rival de quijada de cristal. Varios rounds podrían eclipsar un partido de 90 minutos sin importar el rival con que se esté jugando. Si bien el equipo no genera una cadena de victorias, el amor del hincha debería salir a relucir en los momentos más difíciles y con ello fortalecerse. Un lazo creado a través de experiencias vividas sin importar lo bueno y lo malo del camino porque es el camino en si lo que importa. Ese lazo rojo de las películas que une a dos personas en el universo y que aquí sería de color azul no existe.

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Vivir en la incertidumbre

“Cuando nada es seguro todo es posible”, Margaret Drabble

Año tras año la llamada zona roja del descenso ha quitado tranquilidad a todos los técnicos que han pasado por el club. Un injusto sistema de acumulación de puntos en una tabla histórica tiene condenado a los equipos pequeños y de segunda división en el fútbol colombiano. Cuando Jaguares ascendió tomó los puntos que sumó todo el año el que bajó y no pudo empezar de cero como sucede en muchas ligas del mundo. No hay un botón de reset. Es más un continuar un trabajo inacabable que para muchos inicia en enero de regalo de Reyes y termina con un regalo trágico debajo del árbol en las navidades.

La tarea titánica cada temporada de mantenerse saca sudor y sangre en muchos clubes, y el desfile de equipos que suben y bajan es tan fugaz como un cometa. Sin embargo Jaguares ha logrado mantenerse 5 años en la máxima división del fútbol colombiano a pesar de su problemas de logística, económicos y de armar plantilla cada año, ya que muchos de los jugadores son cedidos por clubes grandes que cuando ven que el jugador se valoriza lo piden y venden o ceden a otro club, nada personal son solo negocios.

Y lo que debería ser un ejemplo de constancia se convierte en la sociedad en blanco de críticas. El equipo cada año logra asegurar su puesto un año más en las últimas fechas. Se ha llegado al último partido con necesidades de ganar y esperar resultados en caso de que no para poder seguir en la A.

Se juega como se vive. Con afanes de un lado para otro, buscando cumplir una meta desgastante cada año. Los resultados han acompañado al equipo en los momentos claves, pero todos sabemos que la suerte no es infinita, por eso mismo hay que apoyar más y criticar menos. Si bien el sistema no ayuda a los equipos pequeños, tirando todos para el mismo lado el barco se endereza con amor por lo que representa nuestra tierra, hijo adoptivo, de alegrías efímeras y decepciones esperables, no importa…

Pasen y sean bienvenidos a vivir en la incertidumbre…

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